Parque Nacional de Cabañeros

2 días en el Parque Nacional de Cabañeros


Nos esperan dos días en el Parque Nacional de Cabañeros, dos días para impregnarnos de este espacio natural protegido situado en los Montes de Toledo y marcado por la influencia del hombre. Un enclave que reune paisaje, biodiversidad  e historia, valiéndole así la declaración como Parque Nacional (1.995), zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y Lugar de Importancia Comunitaria (LIC).

 

Día 1. Visita guiada 4×4 a Las Rañas 7:30 a.m.

 

Parque Nacional CabañerosVa amaneciendo. Aún la luna nos acompaña…hace fresco. Se respira tranquilidad dentro del sonoro espectáculo de los ciervos, que animados por la lluvia de la noche anterior, aprovechan el momento para hacerse oír, antes de que el sol apriete y solo apetezca echarse a descansar a la sombra.

 

La noche también había sido agitada. El choque de cornamentas durante los duelos de fuerza se había dejado oír desde el cercano pueblo de Pueblonuevo del Bullaque. No en vano, son cientos los ciervos los que nos rodean y estamos en plena época de celo (otoño). Se mantienen cautos, en la distancia… ¡eso está bien! Nosotros somos pocos,…¡por suerte! No quiero pensar en que este lugar se masifique, sino en que opere el sentido común y se mantenga regulada la afluencia de visitantes.

 

Parque Nacional de CabañerosMantenemos el silencio y la distancia,…¡cómo debe ser! Tan solo los prismáticos o el zoom de las cámaras nos acercan a ellos. No hace falta más, tan solo escucharlos, observarlos y observar el paisaje que nos rodea.

 

Resulta extraño, más que extraño impresionante o estremecedor, imaginar cómo fue el paisaje original que estamos observando, las rañas. Esta planicie, que se extiende 8.000 ha y formada en sus orígenes por los materiales de relleno procedentes de las sierras circundantes, hace 75 años estaba cubierta por bosque y matorral mediterráneo. Los usos humanos para agricultura y pastoreo lo deforestaron y convirtieron en la dehesa que hoy vemos. Un herbazal extenso solo interrumpido por algunas encinas, alcornoques y quejigos que vivifican el paisaje.

 

Ya hace algo de tiempo que esta transformación del paisaje tuvo lugar, y el nuevo paisaje ya ha adquirido su propio poder, su sitio, su integración con una flora y fauna que lo caracterizan. Los bosques y matorrales han quedado relegados a las zonas de las sierras, sus laderas, y a los fondos de los valles y riberas. Lugares donde la climatología y la orografía dejan distinguir dos pisos bioclimáticos, el meso- y el supra-mediterráneo, con sus transiciones entre ellos, o sus mezclas con otras especies propias de las zonas de ribera.

 

Parque Nacional de Cabañeros

 

Senda de la Torre Abraham. 11:30 a.m

 

Senda Torre de Abraham. Parque Nacional de CabañerosTras pasar las primeras horas de la mañana en la zona de las rañas, nos damos ahora un paseo por esta senda botánico-fluvial. Se trata de un sencillo recorrido sobre pasarelas elevadas y adaptado para personas con movilidad reducida, que discurre por el interior de un bosque de ribera y bosque mediterráneo, junto al cauce del río Bullaque. Al fresco y humedad que proporciona el ambiente fluvial, nos vamos fijando en las diferentes especies vegetales que lo conforman, aprendiendo a distinguirlas. Los sauces, los fresnos, la encina, el madroño, el majuelo, el durillo, el arce,etc

 

Sauce (Salix sp)

Sauce (Salix sp)

Fresno (Fraxinus sp)

Fresno (Fraxinus sp)

Madroño (Arbustus unedo)

Madroño (Arbustus unedo)

Majuelo (Crataegus monogyna)

Majuelo (Crataegus monogyna)

Durillo (Viburnum tinus)

Durillo (Viburnum tinus)

Arce de montpellier (Acer monspessulanum)

Arce de montpellier (Acer monspessulanum)

Al tiempo, prestamos atención a los cauces de agua, llamativos por su color rojizo a ser ricos en hierro y que albergan una rica fauna de peces, anfibios, aves y la esquiva nutria, la cual resulta difícil de ver y menos a estas horas ya…Pero no está de más fijarse, y ser capaz de encontrar los indicios de su paso por allí. Al igual que otros merodeadores, como los jabalíes, sus huellas pueden haber quedado en el barro. Entretanto, en la arboleda, no dejan de revolotear los mirlos acuáticos y las lavanderas.

 

Senda del Boquerón del Estena. 3:00 p.m

 

Senda Boquerón del Estena. Parque Nacional de CabañerosSeguimos tratando de aprovechar este día por el Parque Nacional de Cabañeros, así que nos adentramos en esta ruta de 6.5 Km que nos llevará unas 2.5 h aproximadamente. La hora del día no es la adecuada para observar a la fauna, el calor aprieta, pero esta ruta nos mostrará otros aspectos interesantes de este parque nacional: su historia geológica.

 

Caminaremos siguiendo el cauce del río Estena, que discurre entre una falla de desplazamiento lateral y que ha dejado visible parte de la historia de este lugar, remontándose a hace 470 millones de años (Paleozoico), cuando el mar cubría el lugar. Los tipos de rocas que nos encontramos, pizarras (oscuras y frágiles) y cuarcitas (claras y macizas), son pruebas de los sedimentos depositados en un antiguo fondo marino, que se han compactado y ahora quedan expuestos. Las pizarras corresponden a fondos fangosos y las cuarcitas a fondos arenosos. En ellos también han quedado grabadas señales de la vida que existió durante esos periodos, como las huellas de trilobites (crucianas) o de anémonas.

 

En el camino nos acompaña la vegetación de ribera (fresnos, sauces, etc), bosque mediterráneos en las laderas (encinas, alcornoques, quejigos, etc) y otras especies como el tejo y el abedul, al tiempo que también vemos la acción que la erosión sobre el lugar. Las llamadas Torres de Estena son un ejemplo de esta, formadas por erosión diferencial, o los depósitos de pedrizas (cuarcitas sueltas) en las laderas.

 

Senda del Boquerón del Estena. Parque Nacional de Cabañeros

 

Senda del Boquerón del Estena. Parque Nacional de CabañerosSin esperanza de observar fauna más allá de los peces del río (jarabugo y el calandino) o de las que revolotean por la ribera (mirlo, golondrinas, lavanderas), de repente una pareja de corzos, madre y cría, se aparecen frente a nosotros en la ladera, al otro lado del cauce, pastando. Nos han oído. Nos han visto pero, aunque atentos, se mantienen tranquilos…hay distancia de por medio.

 

Siguiendo el camino, nos vamos fijando en los diferentes puntos que indica el itinerario marcado para no perdernos los aspectos destacados de la ruta: las huellas de los trilobites, las señales de las tormentas que azotaron en el paleozoico y que quedaron patentes en las rocas, las huellas del oleaje o las de fijación de las anémonas o la espectacular huella del gusano gigante. Sin duda una bonita excursión que seguro que haciéndola con un guía del parque se le saca mucho más partido, incidiendo mucho más en detalles y explicaciones sobre la zona que se nos pasan desapercibidos…

 

Día 2. Visita guiada 4×4 al Bosque Mediterráneo. 7:30 a.m

 

Parque Nacional de CabañerosAmanece lentamente. Anoche llovió nuevamente, así que la mañana está siendo más fresca aún que la anterior. Nos adentramos en la zona boscosa del Mancho del Portugués. De repente, reductos de auténtico bosque mediterráneo nos rodean. Pasamos por una zona de encinas centenarias, distinguimos zonas de transición entre el meso- y supra-mediterráneo, dónde algunos robles hacen presencia entre las encinas y quejigos, y zonas de matorrales previas a las rañas.

 

En todo momento nos rodea la continua berrea de los ciervos, potente, cercana. En más de una ocasión se nos cruza algún individuo por delante del todoterreno, o los vemos entre los arbustos.

 

Dejamos el vehículo y hacemos un pequeño recorrido a pie, cerca del cauce del arroyo de los Pescados. En silencio, con cuidado de no hacer ruido. Aún así, los rabilargos delataban nuestra presencia con sus avisos. Los arbustos se mueven y al trote se alejan varias hembras de ciervos con sus crías. De repente, nos paramos y observamos otro matorral que se agita,…¡jabalíes! Hembras con sus crías se remueven y rápidamente se alejan. La presencia de jabalíes está patente por todos lados (huellas de sus pisadas, tierra removida o marcas en los árboles) pero no se dejan ver fácilmente…

 

Parque Nacional de CabañerosBajamos hasta las rañas de la Viñuela. Está fresco aún pero tenemos la esperanza de ver a los buitres (negros y leonados) y quizás al águila imperial. Los ciervos, por descontado siguen acompañándonos.

 

Los buitres no se dejan ver. Parece que no se animan a bajar a la planicie. Está aún demasiado fresca la mañana. Los buscamos con el teleobjetivo y ahí están, a lo lejos, posados sobre la arboleda, perezosos, esperando a que el sol caliente algo más. Al águila imperial va a ser aún más difícil de divisar,…son pocas las parejas que quedan de estos bellos animales. No importa,… se respira la tranquilidad del lugar, el sosiego que da estar en medio de este paisaje, casi solos, el guía y nosotros.

 

Toca ir volviendo. De regreso, nos volvemos a adentrar en la zona boscosa. De repente, toco el hombro del guía -¡para, para! -¿Qué viste? -Ahí, en la copa del árbol. Toma los prismáticos,…¿la ves?-. Sí, ahí estaba,…el águila imperial posada,…¡increible! Se dejó ver. Nos regaló unos minutos, los justos para observarla con los prismáticos. Ella ya nos tenía localizados y nos vigilaba. Desde el todoterreno la posición no era buena para la foto. No nos va a dar mucho más tiempo. Los movimientos o cualquier ruido acabarían con su paciencia…A penas pudimos colocar rápida y cuidadosamente el teleobjetivo, bajarnos sigilosamente del vehículo y echarle un rápido vistazo antes de que agitara sus hombros y desplegara toda su envergadura al vuelo. ¡Qué belleza! ¡Qué regalo nos ha dado este día!

 

Águila imperial (

 

Así nos despidió el Parque Nacional de Cabañeros, con la hermosa imagen del vuelo del águila imperial. Nos hemos quedado con ganas de más, de seguir recorriendo sus otras rutas y rincones, de ver su paisaje en otras épocas del año…Un lugar al que tendremos que volver.

Deja aquí tu comentario